Crianza consciente

Qué hacer cuando la preocupación nos invade

imagen de una madre preocupada por su hijo

Todos nos sentimos angustiados como padres en algún momento de nuestra vida, y si además tenemos un hijo/a con síndrome de Down, pueden surgir motivos adicionales de preocupación, pero cuando este sentimiento se presenta con mucha frecuencia o con mucha intensidad puede causarnos un gran malestar.

La preocupación cumple una función en nuestra vida, ya que nuestra supervivencia depende de que sepamos prever ciertas situaciones y actuemos para evitar o solucionar el problema.

La preocupación hace que busquemos alternativas y elijamos la que creemos más adecuada, contando con la información de la que disponemos en ese momento.

Cuando la preocupación es excesiva

El problema aparece cuando esta inquietud nos paraliza y nos quedamos estancados en un bucle de pensamiento repetitivo que no lleva a ninguna solución, impidiéndonos disfrutar del momento presente y preocupándonos aún más por el futuro.

Cuando, ante un problema, ya hemos analizado todas las opciones sin haber encontrado ninguna solución satisfactoria, el seguir dándole vueltas al asunto no aporta nada más que angustia.

En el otro extremo estaría el tratar de no pensar en ello, ignorarlo o huir del problema. Pensar que las cosas se solucionarán solas puede ser un alivio temporal pero, tarde o temprano, tendremos que enfrentarnos nuevamente con el problema.

Zona de acción y zona de preocupación

El primer paso es escribir todo aquello que nos preocupa, si  lo ponemos por escrito, nuestras ideas se organizarán y lo podremos ver más claro.

El siguiente paso es anotar aquello que está bajo nuestro control y aquello que no, es decir, delimitar la zona de acción y la zona de preocupación

Zona de preocupación:

En la zona de preocupación están todas aquellas cosas que nos atemorizan y sobre las que no tenemos control porque no dependen sólo de nosotros, por ejemplo, cómo tratará la sociedad a nuestro hijo/a, cómo afectará su condición en sus relaciones personales, si conseguirá tener estudios, si encontrará un trabajo o qué será de él/ella cuando ya no estemos.

Cuando nos mantenemos en la zona de preocupación, ésta se va haciendo cada vez más grande, llegando en ocasiones a causarnos trastornos físicos como dolores de cabeza, caída del pelo, problemas en la piel o dolor de estómago.

Si la zona de preocupación se hace demasiado grande, acabaremos completamente paralizados.

Cuando estamos bloqueados lo mejor es dar un pequeño paso, tomar una decisión, hacer una llamada, cualquier cosa antes que quedarse parado, es decir, entrar en la zona de acción.

El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de donde estás

escalera de motivacion

Zona de acción

En la zona de acción están todas aquellas cosas que podemos hacer ahora para mejorar la situación actual o para prevenir aquello que tememos, por ejemplo: podemos preguntar cuáles son las pautas de actuación en su colegio, invertir en terapias y actividades que prevengan futuras complicaciones físicas o cognitivas, aprender o formarnos en algunas cosas que le puedan ayudar, etc.

En la zona de acción actuamos con las herramientas que tenemos en el presente para dirigirnos hacia el objetivo que buscamos, sin olvidar que en el futuro podremos seguir buscando opciones.

Cuando leía los informes de su centro de atención temprana y aparecían frases como “hiperlaxitud articular cervical le puede afectar en todos los ámbitos de su vida”, “pecho en quilla puede dar origen a problemas respiratorios”, me preocupaba y durante un tiempo me quedaba bloqueada, preocupada por su salud, por su futuro, por cómo le afectará al desarrollo de sus capacidades… manteniéndome en la zona de preocupación.

Entonces, dar un solo paso como buscar información sobre hiperlaxitud, llamar a un osteópata y ver la gravedad o buscar ejercicios o masajes que la pudieran ayudar, hacía que entrase en la zona de acción tomando decisiones ahora que pudieran ayudarla en el futuro.

Cuantas más cosas hacemos ahora, más grande se hace nuestra zona de acción y nuestra zona de preocupación se vuelve más pequeña, haciendo que nos sintamos más tranquilos y confiados

La flexibilidad psicológica

Es importante tener un objetivo claro y revisar frecuentemente si nuestras acciones están encaminadas a ese objetivo o nos estamos desviando.

También puede ocurrir que no estemos consiguiendo los resultados esperados o que surjan algunos imprevistos, por eso, es importante que seamos capaces de adaptarnos a los cambios y redirigir nuestros pasos.

Si tenemos cierta rigidez mental, nos costará adaptarnos a aquello que no habíamos previsto, sin embargo, si practicamos la flexibilidad mental, podremos cambiar nuestros planes sobre la marcha.

Una buena autoestima será la clave para tener confianza en que sabremos afrontar la situación

La resiliencia y el crecimiento

El psiquiatra y neurólogo Boris Cyrulink, fue quien dio a conocer el término de resiliencia en su obra “los patitos feos”

La resiliencia es ser capaces de comprender que la vida está en constante cambio y que somos capaces, no sólo de adaptarnos a ellos, sino de aprovechar las situaciones difíciles para salir fortalecidos, aprender algo, demostrarnos aquello de lo que somos capaces o incluso mejorar nuestra vida.


Si sabemos aprovechar las situaciones difíciles, nos conducirán a un lugar al lo que no habríamos llegado por nosotros mismos

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