Atención temprana

La importancia del movimiento libre en Síndrome de Down

imagen nina sindrome de down movimiento libre

En los últimos años ha resurgido con fuerza la teoría del  movimiento libre para favorecer el desarrollo del bebé. Pero ¿es posible aplicarla también en niños con dificultades motoras?

La teoría del movimiento libre parte de la pedagogía de Emily Pikler, una pediatra húngara que fundó el orfanato Loczy de Budapest en 1946.

Sus esfuerzos se centraron en que los niños huérfanos no sufriesen del llamado “síndrome del hospitalismo”, que hace que los niños criados en este tipo de instituciones desarrollen carencias afectivas, personales y en la psicomotricidad.

Para ello, desarrolló una metodología basada en 2 puntos fundamentales:

  • La necesidad de apego: crear vínculos emocionales estables con sus cuidadores.
  • La necesidad de autonomía psicomotriz: desarrollar un buen autoconcepto gracias a la confianza en sí mismos. 
La base de toda su pedagogía se basa en el respeto de los niños y en la confianza en sus capacidades

La autonomía motriz

Pikler defendía que los bebés deben poder moverse libremente, haciendo especial hincapié en no colocarlos en una posición a la que no hayan podido llegar por sí mismos, como tumbarles boca abajo, sentarles o mantenerlos de pie.

Primero, porque una postura artificial hará que se fuercen músculos y articulaciones que aún no están preparadas, dando lugar a malos hábitos posturales.

Y además, porque se sentirán frustrados y dependientes de un adulto para salir de esa situación a la que no saben cómo han llegado.

Todo cambio de posición desplaza el centro de gravedad del niño, exigiendo que su cuerpo reorganice este centro  para mantener su base de sustentación.

Si cambiamos la posición a un niño externamente, le estamos quitando la posibilidad de reorganizar su postura.

El papel del adulto

El papel del adulto, en este sentido, es ofrecerles un acompañamiento y un lugar de total seguridad.

Cuando disponen de libertad para moverse, cada movimiento que ejecutan es un intento que parte de su motivación para llegar allí donde quieren llegar y las posturas que adoptan serán siempre naturales.

Aun en los casos de niños con trastornos motores o hipotonía, el papel del adulto no es tanto estimulares como acompañarles desde su propia motivación. Ni siquiera en los niños muy discapacitados el medio es indiferente, cada reacción está dirigida a relacionarse con el entorno que les rodea.

Los niños que son tratados así, se interesan en aquello que les corresponde según su nivel de maduración y  no a lo que supuestamente deberían conseguir según las tablas de desarrollo.

Permitir el movimiento libre hará que el niño/a conozca sus capacidades y limitaciones y por tanto tendrá más control de su cuerpo y menos accidentes.

La preparación del entorno

  • Para que puedan explorar su cuerpo libremente debemos prepararles un espacio seguro y diáfano y unos materiales que permitan explorar sus habilidades (rampas, escalones, túneles, colchonetas…)
  • La ropa debe ser cómoda y estar descalzos siempre que sea posible.
  • El cuidador debe estar siempre atento a las necesidades del niño pero intervenir sólo cuando el niño le reclame o sea necesario.

¿Es compatible la teoría del movimiento libre con la atención temprana en síndrome de Down?

En Síndrome de Down ésta es una cuestión delicada, puesto que hay veces, que los fisioterapeutas deben ejecutar externamente los movimientos correctos en el cuerpo del bebé para que su cerebro integre ese patrón.

Sin embargo estos profesionales tienen los conocimientos necesarios para saber de qué manera debe hacerse cada movimiento, de tal manera, que la consecución de los hitos de desarrollo se consiga de manera armoniosa, evitando malos hábitos motores o posturas incorrectas.

Pero, como padres, es importante que en casa no les coloquemos en una postura artificial y que les ofrezcamos  las máximas oportunidades de movimiento libre, cuidando siempre las condiciones de seguridad.

Emmi Pickler insistió siempre en colocar a los bebés sobre su espalda, ya que así, pueden estirarse y mover sus brazos y piernas libremente.

Forzar la postura en niños hipotónicos, poniéndoles sobre su vientre y tratando de sostener su cabeza, les exige un estado permanente de tensión, que no permite encontrar el equilibrio entre músculos flexores y extensores.

La doctora Noemí Beneito, profesora Especializada en Pedagogía Terapéutica y psicomotricidad, ratifica esta teoría, indicando que es común encontrar en todos estos casos, apertura constante de la boca, alteraciones respiratorias y avance excesivo del maxilar inferior.

Descubrió también que, cuando dejaron de poner a los niños en esta posición forzada la parrilla costal les dio libertad respiratoria, que se hizo nasal y por tanto se cerró la boca, desapareció la protrusión lingual y el babeo.

Por otro lado, el ponerles de pie de manera anticipada, provoca malformaciones en la alineación de las rodillas, por lo que cuando llegue el momento de la marcha no habrán aprendido a flexionar de forma adecuada las rodillas.

Todo niño debe aprender a conocer el tono muscular óptimo para la acción. Un niño colocado en una buena postura aprenderá a luchar contra la fuerza de la gravedad, a regular su tono muscular y a organizar sus miembros entre sí cuando necesite hacer un cambio de postura.

Es fundamental que, aunque tengan trastornos de motricidad, puedan entrar o salir de la postura en el momento en que lo deseen

Respeto en los cuidados

Emmi Pikler demostró cómo los cuidados cotidianos pueden ser terapéuticos, ya que la base de una relación afectiva sólida es el apego seguro con su cuidador.

Para ello, es importante tratar el cuerpo del bebé con sumo cariño y cuidado, mirándoles a los ojos, hablándoles y anticiparles de forma verbal y visual la actividad qué viene a continuación. Por ejemplo, acercándoles los brazos para cogerlos, mostrándoles la esponja o el pañal y esperando a que estén receptivos para comenzar. 

El niño no debe ser nunca sorprendido, necesita integrar las señales que el adulto le envía para anticipar lo que va a ocurrir

Es habitual que nuestras acciones, incluso con nuestros propios hijos, estén dominadas por la prisa y la distracción. ¿Te has fijado cuánto se agradece, cuando estás en un hospital, sintiéndote vulnerable y falta de control, que el personal médico se acerque y te explique lo que va a hacer y además lo haga con delicadeza? Ese es el respeto que queremos transmitir a nuestros hijos.


Con todo esto, conseguiremos que nuestros hijos se sientan respetados, conscientes de sus déficits, pero también conscientes de aquello que sí pueden hacer. Con adultos tranquilos, que saben acompañarles en lugar de ponerles en situación de exigencia.

Fuentes:

“Moverse en libertad: Desarrollo de la psicomotricidad global”. Emmi Pikler. Ed. Narcea

Noemi Beneito: Emmi Pikler y la discapacidad

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