Crianza consciente

Soluciones a los problemas de comportamiento mas frecuentes en niños con síndrome de Down

imagen niña con sindrome de down enfadada

Para poder hablar de mal o buen comportamiento, primero debemos delimitar qué entendemos por portarse bien.

Para los adultos, un niño que se porta bien es el que cumple las normas, no tiene rabietas, comparte sus juguetes, habla en un tono de voz adecuado, sabe actuar socialmente y permanece tranquilo la mayor parte del tiempo. Pero si le decimos a un niño que se porte bien, no sabrá exactamente qué se espera de él.

La mayoría de las veces, el comportamiento que esperamos de ellos no se corresponde con la realidad de la infancia, ya que los niños, por lo general, tienen una actividad constante, son curiosos, directos y expresan sus emociones abiertamente cuando están enfadados, tristes o alegres.

A pesar de todo esto, podemos estar de acuerdo en que hay comportamientos que están fuera de lo normal en un niño/a o que, aunque puedan ser habituales, son peligrosos y no deberían estar permitidos.

¿Es normal que se comporte así?

Los padres de niños con síndrome de Down intentamos averiguar si su conducta entra o no dentro de los patrones habituales de los niños con esta condición.

Es cierto que cuando los niños no tienen muchos recursos lingüísticos, es más probable que aparezcan enfados o rabietas como forma de comunicarnos que no están de acuerdo con la situación, pero si ante un problema de comportamiento que denota ansiedad o frustración, como romper cosas, tirarse al suelo o pegarse en la cabeza, pensamos que es parte de su condición, corremos el riesgo de no ayudarles del modo que necesitan.

Por eso debemos entender qué hay detrás de esa “mala conducta”, pues habitualmente son formas erróneas de expresar su malestar o de comunicarnos que sus necesidades no están siendo atendidas.   

Como decía L.R. Knost, los niños pequeños no se portan mal, simplemente se comportan, positiva o negativamente, para comunicarse, porque ése es el único modo de comunicación que tienen.

Pero aun cuando ya han adquirido el lenguaje, todavía no pueden gestionar sus sentimientos, así que, como padres, tenemos el deber de “escuchar entre líneas” y observar su comportamiento para ver cuál es la necesidad que tratan de comunicarnos.

Problemas habituales que reportan los padres den niños con síndrome de Down

Oposición:

Aparece cuando le pides que haga algo o hay que hacer un cambio de actividad o de situación.

Puede ir desde tirarse al suelo, lo que se conoce como resistencia pasiva, o de forma más activa: decir que no, gritar o lanzar cosas.

Detrás de este comportamiento puede existir la falta de confianza en su capacidad para hacerlo o que simplemente no ha entendido bien las instrucciones.

Solución: Asegúrate de que puede hacer lo que le pides y enfatiza que confías en él/ella, alabando su esfuerzo en lugar del resultado. Verifica si ha entendido lo que le estás diciendo, si no es así, busca apoyos visuales como gestos o imágenes para hacerle más comprensible tu mensaje.

Otro de los motivos de la oposición puede ser que le cuesten las transiciones, es decir, pasar de una actividad a otra.

Solución: motívale recordándoles algo que le guste de la nueva actividad o utiliza rutinas para que las transiciones sean más fáciles. Cuando se da el primer paso, los siguientes le siguen con más fluidez.

Si la negativa es a ir a un sitio determinado, como el colegio, y además le ves decaído/a o con ansiedad, puede que esté teniendo problemas de bulling, aislamiento o sentimiento de incapacidad.

Solución: no ignores su respuesta, haz las averiguaciones necesarias para saber qué está ocurriendo en el lugar al que no quiere ir y toma las medidas oportunas.

A veces, en lugar de oponerse, lo que hacen es alargar excesivamente la actividad anterior, por ejemplo, si no se quiere ir a la cama, puede inventarse mil actividades previas o hacer cada paso con demasiada lentitud.

Solución: ayúdale a iniciar cada uno de los pasos para que no se alarguen demasiado.

Agresión

La agresión puede dirigirse a objetos, personas o a sí mismo.

Detrás de esta conducta suele haber un sentimiento de frustración, ansiedad o venganza.

Cuando daña objetos, lanzándolos o rompiéndolos a propósito, puede ser como venganza para que sientas lo que le has hecho sentir a él después de regañarle o ponerle un límite.  

Solución: Sé empática y verbaliza sus sentimientos, pero la vez asertiva, por ejemplo: “entiendo que estás enfadado/a, pero no permito que rompas las cosas”. También puedes poner un límite físico quitándole el objeto de la mano.

Cuando la agresión es hacia otra persona, puede ser por frustración, pero también como respuesta a un conflicto.

Solución: lo primero que hay que hacer es impedir físicamente que agreda, sujetándole sin hacerle daño. De este modo, le estamos mostrando que respetamos nuestro cuerpo y eso hará que, en un futuro, ellos tampoco permitan nadie les agreda a ellos. Después trata de resolver el conflicto haciéndole participar, si es posible, en la búsqueda de la solución.

Las autolesiones como golpearse en la cabeza, morderse o arrancarse el pelo, son síntomas de ansiedad y gran frustración, más que de un mal comportamiento. Es urgente averiguar la causa (intenso aburrimiento, falta de motivación, estrés continuado, sobreestimulación, sentimiento de incapacidad, etc) y tomar las medidas oportunas

Huida:

Si no tienen conciencia del peligro, pueden escaparse y salir corriendo cuando ven algo de su interés. Al ir tras ellos, pueden verlo como un juego, donde disfrutan siendo perseguidos.

Solución: Lo primero es la prevención. Si están en un sitio potencialmente peligroso como una calle con coches, deben ir de la mano o tenerles cerca y vigilados. En caso de que se haya escapado, tendrás que ir tras él/ella, pero cuida tu respuesta, tu lenguaje corporal y tu tono de voz porque serán la clave para que entienda lo peligroso de la situación.

Insistencia por repetición:

Aunque no es un problema de comportamiento como tal, a muchos padres puede llegar a saturarles el tener que hacer las cosas siempre de una determinada manera.

Detrás de este comportamiento se esconde la búsqueda de seguridad emocional que les proporciona repetir las cosas del mismo modo, por lo que habrá que tomar medidas solo en caso de que sea problemático o interfiera en su vida diaria.

Solución: combina las rutinas con la flexibilidad


No solo debemos centrarnos en el comportamiento del niño/a, dándole alternativas para conseguir sus objetivos de manera más favorable, sino también en buscar qué es lo que puede estar causándolo para evitarlo o modificarlo en la medida de lo posible.

Observa cuál es el comportamiento, en qué situaciones se da y cuál puede ser la causa, para hacer los ajustes necesarios. 

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