Crianza consciente

¿Cómo evitar malos comportamientos sin recurrir a los castigos?

imagen nina con sindrome de down triste tumbada en el sofa

Durante mucho tiempo, los padres han tratado de controlar la conducta negativa de sus hijos a través del castigo. Sin embargo, existen formas más respetuosas y efectivas para evitar y corregir los malos comportamientos.

Los castigos

Un castigo es una sanción verbal o física que se impone a alguien que ha tenido un mal comportamiento, con el fin de eliminarlo.

Hay dos tipos de castigos:

  • el castigo positivo implica recibir un estímulo desagradable
  • el castigo negativo implica la retirada de algo agradable o deseado.

Ambos tienen la función de disminuir la probabilidad de que se repita la conducta inadecuada.

Aunque pueden conseguir resultados inmediatos, está demostrado que los castigos son contraproducentes, ya que no ayudan a los niños a tomar sus propias decisiones basándose en sus valores, sino en el miedo a las consecuencias.

Al no generar un verdadero entendimiento, posiblemente volverán a hacer algo similar, sin saber si está mal o no.

La parte más negativa de los castigos es que generan miedo, ira o deseo de venganza y les hace aprender que gana el que tiene más fuerza o más poder.

Cómo evitar comportamientos inadecuados

Normas:

Para evitar que hagan algo que no queremos, debe haber unas normas claras y constantes. Es mejor que haya pocas normas, que puedan recordar, a que haya demasiadas y las olviden.

Límites:

Un límite es una forma de detener inmediatamente su acción o su intención de hacer algo, de manera firme y tranquila.

El límite puede ser físico o verbal, por ejemplo, interponernos entre ellos y una vitrina de cristal, retirar un cuchillo de su alcance, sujetarles si van a cruzar la calle o decirles que no les permitimos tirar tierra.

En estos casos, nuestra respuesta debe ser rápida, así que si hemos sido demasiado bruscos y se asustan, después podemos consolarles y explicarles por qué hemos hecho eso.

Buscar una alternativa adecuada:

La mayoría de las veces, los niños no hacen las cosas para desafiarnos, sino porque es la única manera que han encontrado para conseguir algo que quieren.

En este caso, podemos averiguar cuál era su objetivo y darles una alternativa adecuada para conseguirlo.

Cómo corregir comportamientos inadecuados

Reparar el daño:

Cuando la acción ya está hecha y queremos mostrarles que no está bien, es necesario mostrarles las consecuencias y, si es posible, repararlas o que nos ayuden a repararlas.

Se aplica tanto cuando el daño es material como cuando es a una persona.

Algunos ejemplos son: limpiar lo que han ensuciado o recoger lo que han derramado, pegar con celo una hoja que han roto o repetir la acción dándonos las cosas en la mano en lugar de tirarlas.

imagen nina sindrome down limpiando el suelo pintado

Consecuencias naturales:

Las consecuencias naturales se experimentan de manera inmediata, y nos permiten comprender la relación entre causa y efecto, por ejemplo, mojarnos si salimos sin paraguas y está lloviendo.

Podemos dejar que experimenten las consecuencias naturales cuando recaen sobre ellos, son inmediatas y no son graves, sin embargo cuando son peligrosas para alguien o el daño recae sobre otra persona es mejor evitarlas poniendo límites.

Consecuencias lógicas:

La diferencia con las consecuencias naturales es que las establecemos nosotros, pero para que no se conviertan en un castigo deben ser:

  • Inmediatas
  • Proporcionadas
  • Relacionadas con la conducta que queremos corregir
  • Respetuosas. No buscamos humillarles sino mostrarles la forma correcta de comportarse
  • Si es posible, pactadas previamente

Una consecuencia lógica de haber tirado tierra a los niños en el parque podría ser volver a casa inmediatamente. Un castigo sería no dejarle ver la TV o agredirle verbal o físicamente.

¿Podemos usar estas estrategias en niños con Síndrome de Down?

Por mi experiencia, estas estrategias se pueden aplicar a niños con síndrome de Down, siempre que nos adaptemos a su nivel de entendimiento.

Por eso, antes de enfadarnos por un mal comportamiento, es necesario:

  • averiguar si han entendido lo que se espera de ellos
  • pensar si están preparados madurativamente para la tarea que se les pide
  • preguntarles si recuerdan la norma.

En muchas ocasiones tendremos que pedirles repitan algo de la forma adecuada, recordarles las normas, o acompañarles para que corrijan las consecuencias, aunque esto suele ser necesario en cualquier niño de edad temprana.

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