Atención temprana

¿Somos padres o terapeutas? …

imagen niña con sindrome de down haciendo terapia con su padre

Las familias intentamos hacer todo  lo posible por nuestros hijos, incluso, hay veces que incluso repetimos sus terapias en casa, imitando los ejercicios, comprando los mismos materiales y buscando tiempo para hacerlos, pero con la duda de si lo estaremos haciendo bien.

A veces puede ocurrir que las circunstancias nos obliguen a ello. Por ejemplo, durante el confinamiento por COVID19, los centros de terapia y los centros escolares estuvieron cerrados y los padres nos convertimos en los terapeutas y educadores de nuestros hijos.

Así que, a esa situación insólita y llena de incertidumbre, se unió la responsabilidad de continuar con sus terapias en casa.

¿Qué dificultades implica asumir ese papel?

Tanto si lo elegimos como si nos vemos obligados por las circunstancias, asumir esta tarea conlleva una serie de dificultades:

1. Conseguir que haga los ejercicios

La excesiva confianza del niño/a con sus padres puede dar como resultado que se niegue a hacer los ejercicios. Cuando van a terapia o al colegio, saben que van a “trabajar” y eso les predispone a hacer ciertos ejercicios, pero en casa, prefieren tener a mamá y papá.

2. Obtener resultados

La responsabilidad de hacerlos bien y de obtener algún resultado puede hacernos creer que su progreso depende de nosotros.

3. Falta de preparación

La falta de conocimiento y preparación adecuados nos genera inseguridad cuando aparece alguna dificultad inesperada.

4. Falta de tiempo

La falta de tiempo o la negativa del niño/a, ocasiona que, a veces, no hagamos los ejercicios. Si nos sentimos culpables, podemos llegar a mentir para no tener que dar explicaciones.

Cuando asumimos el rol de terapeuta, lo hacemos con toda la responsabilidad y carga emocional que eso implica

Por eso, hay terapeutas que dejan de pedir a los padres que repitan los ejercicios en casa, cuando ellos mismos tienen hijos y entienden que los padres ya tenemos suficiente. También hay terapeutas que prefieren no hacer terapia a sus hijos, sino llevarlos a un centro.

¿Cómo colaborar en el día a día?

Se trata de facilitar que consigan ciertos objetivos a través de las actividades diarias, sin que nos suponga una carga extra de tiempo o de trabajo:

Favorece su autonomía

Dejando de hacer por ellos las cosas que pueden hacer solos. Cuando les dejamos que intenten hacer las cosas por sí mismos, les damos la oportunidad de practicar muchas más habilidades de las que creemos.

Actúa como modelo

La imitación de lo que ven es su principal forma de aprendizaje, sobre todo si sus modelos somos las personas en quien confía.

Valora sus logros

Valorar su esfuerzo y sus progresos es una forma de hacerles conscientes de cuánto están avanzando.

¿Cómo conseguir objetivos concretos?

Aunque los niños necesitan llevar una vida lo más normalizada posible, a veces, es necesario que reforcemos en casa las actividades que hacen en su centro.

La ventaja de trabajar algunas cosas en casa es que están en un ambiente natural, con recursos más cercanos a ellos y que podemos dedicarles más tiempo que en una sesión

Para ejercicios específicos, por ejemplo, realizar una movilización del diafragma para aumentar su capacidad pulmonar, es necesario que el terapeuta nos enseñe exactamente cómo hacerlo, no solo observándole, sino practicando con él o ella, para detectar las posibles dificultades que aparezcan.

Para colaborar en la consecución de algunos objetivos, lo mejor es acordar con su terapeuta o maestro/a de qué manera podemos reforzar las actividades en casa:

Elige sólo 1 o 2 objetivos y céntrate en ellos

Si intentamos trabajar en demasiadas cosas, dispersamos nuestros esfuerzos y no apreciamos los resultados.  

Por ejemplo, si mi objetivo es que diga las palabras con todas las sílabas, dejaré para más adelante que construya frases correctas o que aprenda a responder preguntas.

Para ello puedo utilizar un tambor o una palmada en cada sílaba, que vea la palabra escrita segmentada en sílabas, cantar canciones con ritmo muy marcado, hacer rimas con movimiento, etc.

A la vez, busco actividades que potencien la tonicidad de sus labios y lengua, para que pronuncie bien. Es decir, me centro en actividades relacionadas con mi objetivo en lugar de perderme en varios objetivos a la vez.

Observa si está preparado/a para ello

En los colegios se suele seguir un programa con unos objetivos determinados, forzando al niño a que lo practique sin preguntarse si tiene la base previa para conseguirlo.

Por ejemplo, si en el colegio están iniciando la escritura de letras y el niño/a aún no controla los trazos, podemos dedicar tiempo en casa a actividades preparatorias como el dibujo o el trazado de formas básicas en lugar de insistir con las plantillas o cuadernillos de grafomotricidad.

Cuando algo no les gusta o no les interesa, normalmente es porque les resulta demasiado fácil o demasiado difícil, por eso, tenemos que saber exactamente en qué punto están y no saltarnos pasos.

Busca situaciones diarias para introducir las actividades

Para que veamos resultados es necesario que exista una cierta frecuencia.

Por eso, antes de empezar a trabajar, debemos darnos un tiempo para buscar en qué situaciones diarias podemos introducir las actividades.

Si encontramos situaciones habituales donde encajen, no tendremos que buscar el momento de hacerlas porque pasarán a formar parte de su rutina.

Una actividad útil aumenta la probabilidad de que el niño la repita con frecuencia

Hazlo divertido

A algunas actividades no le verán la utilidad ni las podremos introducir en su día a día, pero si las convertimos en un juego, querrán hacerlas y repetirlas.

Los niños viven en el mundo del juego y la imaginación, por eso aprenden mejor cuando se divierten

Pero recuerda que si el juego se convierte en una obligación, perderá su sentido y el niño/a no querrá seguir participando.

Aquí los padres tenemos la ventaja de que les conocemos y sabemos qué les gusta, sólo tenemos que adaptar los ejercicios a su estilo de juego favorito (canciones, bailes, construcciones, manualidades…)

Si usted o su hijo no se lo están pasando en grande, usted está haciendo algo mal”

Glenn Doman


Los padres tenemos un papel muy importante en el desarrollo global de nuestros hijos, pero ellos prefieren que seamos simplemente papá y mamá. Por eso, en caso de tener que asumir cierta participación en sus ejercicios, es mejor dejarnos asesorar por los  profesionales y adaptarlos a las situaciones familiares.

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