Inteligencia y emoción

Gestión emocional: ayudando a nuestros hijos a modular sus emociones

niña con sindrome de down llorando

Es frecuente oír que en las personas con síndrome de Down se dan 2 situaciones muy distintas en  la manifestación de sus emociones. Por defecto, cuando no son capaces de comunicar verbalmente sus sentimientos y por exceso, cuando no se ha trabajado la capacidad de autocontrol.

En este post, veremos cómo ayudarles a que expresen sus emociones sin dejarse dominar por ellas.

Cómo funciona nuestro cerebro

A lo largo de la evolución, nuestro cerebro se fue desarrollando desde las estructuras más primitivas, encargadas de la supervivencia, hasta las estructuras más complejas, que se encargan de las funciones cognitivas superiores como planificar, reflexionar o modular las emociones.  

En los niños, el cerebro se desarrolla en el mismo orden:

Sistema basal (0-1 año):

Busca la supervivencia del organismo.

Lo único que debemos hacer es satisfacer sus necesidades vitales en todo momento y lo antes posible: comida, sueño, oxígeno, protección…

Sistema límbico o emocional (1-7 años):

Las emociones dirigen su comportamiento, por eso buscan situaciones agradables y evitan las desagradables.

Necesitan ambientes tranquilos, vínculos seguros y poder expresar sus emociones, antes de tener la capacidad de controlarlas.

Sistema racional (7 a 10 años):

Razona de forma lógica, puede  predecir consecuencias y así tomar la mejor decisión y regular su comportamiento.

Como cada sistema se construye sobre el anterior, en esta etapa aún necesita tener sus necesidades primarias satisfechas y grandes dosis de afecto, seguridad y empatía.

Cómo conectar el cerebro racional y el cerebro emocional

Para que el sistema racional sea capaz de modular las emociones, es necesario que se establezcan muchas relaciones entre ellos

corazon y cerebro

Una de las formas en que los padres podemos ayudar a nuestros hijos a establecer esas conexiones, es a través de la gestión emocional.

Fases en la gestión emocional

1. Acompañamiento

Cuando experimentan una emoción muy intensa (por ejemplo rabia), ésta domina todo su comportamiento.

Lo primero que debemos hacer es mantener la calma. De nada sirve que nos pongamos a su nivel y nos enfademos también.

Podemos abrazarles o acariciarles, aunque si en ese momento prefieren que no les toquemos, podemos simplemente permanecer a su lado con afecto.

Recuerda que ahora no es el momento de intentar razonar. Hacerles saber que estamos con ellos, recibiendo el mensaje que nos quieren transmitir, será el primer paso para que se calmen.

La expresión de una emoción, si se deja fluir, dura un tiempo limitado

Si no les permitimos expresar sus emociones, con el tiempo, se convertirán en emociones dañinas como la culpa, la ansiedad, el pánico… o se manifestarán a través del cuerpo: dolor de tripa o de cabeza, problemas de sueño, falta de apetito, cansancio, desánimo, etc.

2. Empatía

Cuando la intensidad de la emoción disminuye, es el momento de hablar con empatía.

La empatía siempre produce un efecto calmante

Nombrar las emociones les ayuda a reconocerlas, ya que muchas veces sienten malestar pero no logran entender lo que les pasa.

Podemos intentar interpretar sus emociones en base a la situación, pero sin imponer nuestro criterio. A partir de una edad en la que se pueden expresar oralmente, es mejor preguntar en lugar de suponer.

Validar su emoción es transmitirles que les comprendemos y que está permitido sentirse así.  

3. Control externo y/o solución

No hay emociones buenas o malas. El problema no son las emociones, sino la forma de manejarlas.

Se dice que las personas con síndrome de Down tienen problemas para regular su comportamiento, pero esto es algo que se puede trabajar desde pequeños.

Ahora es el momento ofrecerles un control externo, que con el tiempo se interiorizará y se convertirá en su propio autocontrol para moderar la expresión de sus emociones

Ejemplos:

“Veo que estás nervioso/a, pero por favor, no me grites, dímelo en voz normal” (CONTROL EXTERNO)

“Te has enfadado porque se ha caído la torre, pero no puedes lanzar las piezas (CONTROL EXTERNO), ¿quieres que te ayude?”(SOLUCIÓN)

“Te has caído y te has asustado, vamos a ver si te has hecho algo y te lo curo” (SOLUCION)

Es de gran ayuda durante todo el proceso, ponernos a la altura de sus ojos, para asegurarnos de que nos prestan atención y para que no se sientan amenazados.

Pero, si en algún momento te encuentras nerviosa, sobrecargada o irritada, puedes pedir ayuda a otro adulto o explicarle al niño/a que tú tampoco te sientes bien. Así comprenderá que las emociones son naturales y se sentirá confiado/a teniendo a su lado a una persona honesta.


Antes de que un niño/a pueda controlar sus emociones, es necesario que haya podido expresarlas y haya obtenido, después, una respuesta adecuada por nuestra parte.

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