Inteligencia y emoción

La sutil diferencia entre cuidar y sobreproteger

niña con síndrome de down con chupete y manta

Como padres, queremos lo mejor para nuestros hijos, no queremos que sufran física o emocionalmente, tratamos de protegerlos de dolor, del rechazo y de la decepción, pero si les protegemos de todo, les haremos personas dependientes y con poca seguridad en sí mismos.

La protección necesaria

Querer proteger a nuestros hijos es un instinto natural.

Cuando nuestros hijos se sienten cuidados, les transmitimos que son importantes para nosotros y que merecen ser respetados y amados. Esto garantiza su salud emocional.

La protección en casa y en la escuela debe estar garantizada. Si pueden moverse en lugares seguros, sin estar preocupados por su integridad física o moral, podrán dedicarse a descubrir, aprender y experimentar.

Hay algunos padres que deciden no intervenir ante una pelea entre niños para que aprendan a defenderse solos, hay incluso profesores que no intervienen en casos de abuso.

Como ejemplo, te contaré el caso real de Rubén, un niño con retraso madurativo que no pronunciaba la R. Uno de sus compañeros se burlaba constantemente de él, e incluso le cambió el nombre de su casillero por “Dubén”. Sin embargo los profesores eligieron no intervenir para que Rubén “aprendiera a ser asertivo y poner límites”. Finalmente los padres tuvieron que cambiar a Rubén de colegio.

Recordemos que las habilidades no se desarrollan solas, y menos aún, cuando están siendo acosados.

Las habilidades se aprenden observando, viendo cómo el adulto soluciona el conflicto y pone límites de manera asertiva

Un/a niño/a con síndrome de Down habitualmente está en situación de desventaja en relación a otro niño de su edad, primero porque su lenguaje no es fluido y segundo porque se encuentra en un menor nivel de maduración.

Por eso, siempre debería tener garantizada una protección básica que le haga vivir tranquilo/a, pero sin caer en el exceso.

La sobreprotección

La sobreprotección es tratar de allanarles el camino y hacerles la vida más fácil, sin darnos cuenta de que le estamos frenando su madurez, su autonomía y su sentido de la responsabilidad.

Tipos de sobreprotección

Hay dos formas diferentes de sobreproteger a nuestros hijos, aunque con resultados muy similares:

Control excesivo

Una forma de sobreprotección es el control excesivo, con demasiadas reglas y restricciones:

  • Dirigirles y darles instrucciones constantemente
  • Evitarles cualquier riesgo por mínimo que sea
  • Decidir por ellos cualquier cuestión
  • Controlar todo lo que hacen sin darles su espacio

Si tendemos a involucrarnos demasiado en sus vidas, haremos niños inseguros y dependientes del adulto.

Demasiada permisividad

También puede darse el caso contrario, que es mostrar demasiada permisividad, sin exigir responsabilidades ni obligaciones:

  • Evitar poner normas porque creemos que no las van a entender
  • Evitarles hacer cosas que a otro niño sí le pediríamos
  • Excusar comportamientos que son incorrectos porque “no se enteran”
  • No poner límites claros ni establecer consecuencias por no cumplirlos
  • Justificar ciertos comportamientos creyendo que es lo normal en niños con síndrome de Down
Detrás de todas estas actitudes de sobreprotección se esconde la creencia de que el niño/a tiene menos habilidades de las que realmente posee

Consecuencias de la sobreprotección

Poca seguridad en sí mismos

Si le resolvemos todas las situaciones sin darle la oportunidad de probarse a sí mismo/a, le estamos transmitiendo el mensaje de que no creemos que sea capaz de hacerlo solo/a.

“Cualquier ayuda innecesaria para el niño, supone un obstáculo a su desarrollo”

María Montessori

Falta de desarrollo motor

Si por miedo a que se manche, no le dejamos comer solos o  por miedo a que se caiga, no le dejamos hacer determinadas actividades o subir a ciertos sitios, estaremos entorpeciendo el desarrollo del equilibrio y de habilidades motoras importantes.

Por ejemplo, a los niños les encanta dar vueltas para conseguir cierta sensación de mareo, y esto desarrolla enormemente su sentido vestibular. Si lo peor que les puede pasar es que se caigan al suelo, ¿no crees que podemos dejarles correr algún pequeño riesgo?

Falta de autonomía en sus decisiones

Los niños necesitan tomar sus propias decisiones, dentro de unos límites, para que puedan asociar causa y efecto.

Si no les dejamos tomar esas pequeñas decisiones ahora, de mayores dependerán de lo que digan y piensen otras personas por temor a equivocarse o pensarán que su opinión no tiene importancia.

Ansiedad

Si le transmitimos la idea de que el mundo es un lugar peligroso, crecerá con esta idea en su inconsciente. Así, puede que desarrolle conductas estereotipadas o rígidas, que le den cierto sentido de seguridad.

Además pensará que no tienen recursos para hacerle frente y, por tanto, aumentaremos las probabilidades de que sufra acoso o abuso por parte de otras personas.

Baja tolerancia a la frustración

La frustración aparece cuando no puede conseguir su objetivo. Si le evitamos cualquier frustración, no sabrá cómo actuar cuando se le presente.

No se trata de frustrarles a propósito, sino de dejar que ocurran ciertas situaciones de forma natural y ser nosotros un modelo de cómo resolverlo (buscar alternativas, postponerlo para más adelante, tomarlo con humor, negociar, etc)

Dependencia

Como padres de niños con síndrome de Down, una de nuestras prioridades es que sean personas independientes, sin embargo, a veces, caemos inconscientemente en la costumbre de gestionar su vida, solventar sus problemas o tomar decisiones por ellos… por lo que pueden acabar creyendo que siempre necesitarán a alguien a su lado.

Falta de capacidad para aprender

Las personas necesitamos tanto las consecuencias positivas como las negativas para poder aprender.

Si nos anticipamos y no le dejamos equivocarse, le estaremos privando de una de las mayores fuentes de aprendizaje: el error.

Ayúdale a confiar en sí mismo/a

Todos los niños, y especialmente los niños con síndrome de Down, necesitan personas a su alrededor que les transmitan la idea de que sí pueden hacerlo, que confiamos en ellos y que estamos dispuestos a darles la oportunidad de demostrarlo.

Creo que los padres de hijos con Síndrome de Down hace ya tiempo que no caemos en esa antigua infantilización perpetua de nuestros hijos, pero, aun así, podemos caer, igual que cualquier padre, en la sobreprotección no intencionada, resolviéndoles las cosas por ganar tiempo, por ser amables o porque estamos acostumbrados a hacerlo nosotros.

Aunque las intenciones sean buenas, los niños necesitan enfrentarse a ciertos problemas para poder salir adelante y evolucionar

Por eso, es importante dejarles siempre que lo intenten, ayudarles solo cuando nos lo piden y solo en lo estrictamente necesario.

Es más importante que no teman equivocarse y probar alternativas que el hecho de conseguir o no el objetivo.

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