Inteligencia y emoción

Aprendizaje funcional: las actividades útiles generan mejores aprendizajes

¿Te has fijado en la cantidad de cosas que aprendemos en nuestra vida diaria? El motivo es que nos sirven para conseguir nuestros propios objetivos. Así que probamos cosas, y a veces fracasamos, y esto nos lleva a hacernos nuevas preguntas, buscar información o probar nuevos métodos.

La primera vez que descubrí que María sabía pelar un plátano o abrir una botella fue cuando lo hizo sin que me diera cuenta, sin interrupciones ni instrucciones.

Quizás alguna vez le has dejado algo a tu hijo/a para que se entretenga sin miedo a que lo abra porque aún no sabe y sin embargo lo ha abierto y esparcido por todas partes…

El motivo es que le resulta más útil aprender a abrir una botella para ver cómo cae el agua que girar una serie de tuercas de un juego que le hemos preparado. Y si además le dejamos a su aire, sin instrucciones ni expectativas y con suficiente tiempo, al final lo consigue.

El aprendizaje funcional nace de una necesidad o motivación por alcanzar algo determinado y precisamente por eso, le van a poner más dedicación y más voluntad. Además, cuando algo parte de nuestro interés, somos más resistentes a la frustración, buscando otras formas de conseguirlo si no sale a la primera.

 “Las personas solo aprenden aquello que necesitan o quieren aprender”

Carl Rogers

Aprendizaje natural en el hogar

El hogar está lleno de actividades útiles que los niños querrán hacer sin verlo como un trabajo o una terapia, por ejemplo ponerse los zapatos, verter el agua en vasos o estirar el mantel.

Estas actividades son muy útiles para trabajar ciertas habilidades, ya que al convertirse en rutinas que se hacen a diario, los resultados a largo plazo son mejores que un ejercicio que se hace solo una o dos veces.

Hay veces que les compramos un determinado juego porque el fabricante indica que “ayuda a ejercitar la coordinación ojo – mano“. Sin embargo, el simple hecho de traspasar el yogur de su envase a un bol o “pescar” los cereales dentro de la taza de leche con la cuchara ya le permite ejercitar muchas destrezas como la psicomotricidad fina, la coordinación óculo-manual o el equilibrio.

El autor Roger Schank defiende que la única forma de aprender es haciendo cosas que sirvan para conseguir un objetivo propio

El aprendizaje natural cumple una serie de condiciones:

  • Tiene lugar fuera de la escuela
  • Es impulsado por intereses y metas que se pone el niño/a
  • El error es fuente de aprendizaje. Si algo no funciona, invita a buscar otros caminos
  • Es divertido

El aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar”

Roger Schank
Este es el tipo de aprendizaje  que podemos propiciar en casa: Un aprendizaje guiado por la curiosidad, la necesidad, la prueba y error, y la confusión para buscar otra salida.

Así, nuestro papel consistiría sólo en ofrecerles una ayuda puntual cuando se bloquea.

Pero no es tan sencillo, estamos acostumbrados a darles las respuestas antes de que surjan las preguntas, a mostrarles cómo funcionan las cosas antes de que tengan necesidad de usarlas, a dirigir sus pasos o incluso a hacer las cosas por ellos, en lugar de darles el suficiente tiempo para que lo consigan.

Las sesiones de terapia

Las sesiones de atención temprana son fundamentales en los primeros años, pero tienen el inconveniente de que se realizan en una sala de terapias, en sesiones de  45 o 60 minutos, entre 2 y 4 veces por semana.

En un ambiente artificial los niños no encuentran el sentido a realizar aquello que les proponen

Como solución, nos suelen dar pautas a los padres sobre cómo ampliar las actividades en casa y convertirlas en actividades cotidianas y con un sentido.

Por ejemplo. si en el centro se trabaja el insertar cuentas en una cuerda, en casa nos pueden pedir que hagamos lo mismo pero con el fin de hacer un collar. Así que buscamos los materiales, preparamos la actividad, y a veces ocurre que no le interesa demasiado o lo hace una sola vez y nunca más.

Si ocurre esto, es porque el niño/a no tiene interés en hacer un collar. Por eso, el objetivo siempre tiene que partir del niño/a y después surgirá la búsqueda y el aprendizaje para conseguirlo.

Una opción es aprovechar su interés por imitarnos. Así, en lugar de darle la cuerda y las cuentas para que haga un collar, podemos hacer uno nosotras, esperando que quieran imitarnos o ayudarnos con el  nuestro. Pero aun así,  puede que los collares no le interesen.

Para mí, lo más útil es conocer el objetivo a trabajar (psicomotricidad fina) y observar aquello a lo que tiende dentro de un ambiente rico en opciones.

Si vemos que habitualmente quiere ayudarnos a cocinar, podemos aprovechar la oportunidad  para que coja uno a uno los guisantes y los reparta en los platos, que eche el agua en los vasos, o que corte el plátano en rodajas.

Esta es la mejor forma de que su vida no se convierta en terapias fuera y dentro del hogar, porque al final todos queremos llevar una vida lo más normal posible.

Los padres no somos terapeutas, pero tenemos la ventaja de poder darles muchas oportunidades de aprendizaje en su entorno natural.

Nuestra función es crear una relación de apego y amor, que se sientan respetados, que se sientan autónomos y capaces, pero sobre todo que su vida sea divertida y disfruten de su infancia.


Fuente:

http://www.blogthinkbig.com: el learning by doing de Robert Schank

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